Ir al contenido principal

Malnacido




No recuerdo todo lo que sucedió. Tengo retales rasgados de memoria. Sé que estaba en mi habitación a punto de quedarme dormida, y entonces oí las pisadas, eran sigilosas amortiguadas por la roída alfombra, me acurruque en la cama y me tape hasta la cabeza con la manta. Entonces sentí  como se sentaba a mi lado y dijo mi nombre en un susurro. No podía parar de temblar de miedo, pero algo en mi interior me empujo a sentarme bruscamente y amenazarle con el cuchillo de cocina que guardaba siempre debajo de la almohada y que nunca usaba.


Solo le hice un rasguño en su fea oreja, él se enfado, me saco de la cama tirando de mi cabellera, me dio un puñetazo en el estomago que me dejo sin respiración y acto seguido empezó a pegarme con la mano abierta mientras me agarraba del cuello, sentí  el crujido de mi nariz como una ramita seca al partirse, me tiro al suelo de un golpe y me dio patadas hasta que el sudor le caía como lluvia de su frente. Se canso y me dejo allí tirada en la sucia y roída alfombra de mi habitación.
No se cuanto tiempo transcurrió, estaba semi inconsciente,  tumbada boca arriba, no podía moverme y tampoco podía respirar, la sangre se acumulaba en mi pequeña nariz rota y bajaba a borbotones por mi garganta. Era consciente de mi final que ya no había ninguna salida para mi, que aquel malnacido que se hacia llamar “Padre”  había acabado conmigo como juro hacerlo el día que se caso con mi desgraciada madre.

Tenia la mirada fija en una asquerosa telaraña que caía de una de las esquinas del techo de mi oscura habitación. Entonces oí un suave aleteo, una luz  cálida envolvía todo a mi alrededor. Y  lo vi. Se arrodillo a mi lado y me miro fijamente, me perdí en esa mirada oscura y profunda, comencé a nadar a través de ella sintiéndome ligera,  buceaba en mar abierto, un mar negro e insondable se abría ante mis ojos. De repente quería respirar me ahogaba entre sangre, él se acercó a mi  y  cogió mi cara entre sus manos, cerré los ojos  y me beso insuflando aire a mis pulmones. Al abrirlos estaba de nuevo en mi habitación, lo sabia porque mis ojos vieron la telaraña en la esquina de mi cuarto, podía respirar y mi nariz no estaba rota, me llegaba un aroma peculiar un olor a tierra y naturaleza muerta, mis heridas no existían.
 Seguía tumbada en el suelo y él estaba a mi lado desnudándome muy despacio, mientras seguía besando mi boca, mi cuello, mis pechos, mi vientre, mi sexo.  Me abandone al éxtasis y cuando me embistió la primera vez grite de dolor, en la segunda, tercera y cuarta embestida fue de placer, no pude seguir contando… llegue al orgasmo envuelta en llamas.

Y ahora estoy aquí, de pie, sujetando con mis manos una gran espada llameante, tengo unas alas hermosas y grandes, no estoy viva, huelo a tierra y a naturaleza muerta, soy fuerte, soy poderosa, soy otra, soy un Ángel y tengo que hacer mi trabajo. Salgo de la habitación en busca de ese  malnacido.
 

Comentarios

Entradas populares de este blog

La Parca

Ella siempre ha odiado que la comparen con esas pusilánimes que visten con una túnica negra tirada sin ningún estilo, llevando una capucha grande que no deja ver ni lo que tienes a tu alrededor. Ella es diferente. Ella es una parca con estilo. Le gusta más que la llamen, “Ángel de la muerte” , pero como son muchas, tampoco no se quiere atribuir el merito de exhalar el ultimo aliento de todos los humanos pero cuando alguno de los pobres moribundos cuando la ven y exclaman, “Oh ángel de la muerte ven a mi…” , se siente poderosa, hermosa e indestructible. A ella le gusta mucho la teatralidad de su trabajo, por eso se viste con un ajustado corpiño que hace que su esbelta figura se vea magnifica. Además de resaltar sus turgentes pechos.   Algunas de sus compañeras la critican por no llevar cubierta la cabeza, pero a ella le gusta que las almas que va a recoger, la admiren en todo su esplendor. Las cuencas de sus ojos son magnificas y le gusta matizarlas, además, su estru...